El camino del amor
La mayoría de la gente vive su vida entera en el camino del miedo. Aguanta una relación porque siente que tiene que hacerlo. Mantiene una relación con todas esas expectativas respecto a su pareja y respecto a sí misma. Y el origen de todo ese drama y ese sufrimiento está en que utilizamos los canales de comunicación que ya existían antes de nuestro nacimiento. La gente juzga y se convierte en víctima, explica chismes de los demás, critica con sus amigos en el bar. Consigue que los miembros de una
familia se odien los unos a los otros. Acumula veneno emocional y lo esparce entre sus hijos. «Mira lo que me hizo tu padre. No seas como él. Todos los hombres son iguales; todas las mujeres son iguales.» Esto es lo que hacemos con las personas a las que tanto queremos: con nuestros propios hijos, con nuestros amigos, con nuestras parejas.
Si tu expectativa es que tengo que ser de una manera determinada, entonces yo me siento obligado a ser de ese modo, aunque en realidad no soy lo que tú quieres que sea. Entonces, el día que soy sincero y me muestro tal como soy, te sientes herido, te enfadas, así que te miento porque temo tu juicio. Tengo miedo de que vayas a censurarme, a declararme culpable y a castigarme. Y después, cada vez que te acuerdas de ese error, me castigas sin cesar por él.
En el camino del amor existe la justicia. Si cometes un error solamente pagas una vez por él, y si realmente te amas a ti mismo, aprendes de ese error. En el camino del miedo no existe la justicia. Te obligas a pagar miles de veces por el mismo error. Haces que tu pareja o tu amigo pague mil veces por el mismo error, lo que provoca un gran sentimiento de injusticia y abre muchas heridas emocionales. Después, por supuesto, te preparas para fracasar. Los seres humanos hacen dramas de todo, incluso de las cosas sencillas y pequeñas. Pero si vemos esas desdichas en las relaciones normales del infierno es porque las parejas están en el camino del miedo.
En toda relación hay dos mitades. Tú eres una mitad y la otra mitad es tu hijo, tu hija, tu padre, tu madre, tus amigos, tu pareja. De esas mitades, eres responsable sólo de tu parte; no eres responsable de la otra mitad. No importa cuán próximo te sientas o cuánta fuerza creas que tiene tu amor, bajo ningún concepto puedes ser responsable de lo que otra persona tiene en su cabeza. No te es posible saber lo que siente esa persona ni lo que cree ni conocer todas las suposiciones que hace. No sabes nada de ella. Esa es la verdad, pero ¿qué hacemos? Intentamos hacernos responsables de la otra mitad y esa es la razón por la que las relaciones del infierno se basan en el miedo, la desdicha y la guerra sobre el control.
En el camino del amor, se da más que se toma, y por supuesto, te amas tanto a ti mismo que no permites que la gente egoísta se aproveche de ti. No buscas la venganza, pero te comunicas con claridad. Dices: «No me gusta cuando intentas aprovecharte de mí, cuando me faltas al respeto, cuando eres rudo conmigo. No necesito que nadie me maltrate ni verbal ni emocional ni físicamente. No necesito oír tus imprecaciones constantemente. No es porque yo sea mejor que tú, es porque amo la belleza, amo la risa, amo la diversión, amo el amor. No es que yo sea egoísta, es sólo que no siento la
necesidad de tener a una gran víctima por compañía.
No puedo responsabilizarme de tu sueño. Si quieres mantener una relación conmigo, tu mente se encontrará con muchas dificultades, porque no reaccionaré en absoluto a tus actitudes de control». Esto no es egoísmo; esto es amor hacia uno mismo. El egoísmo, el control y el miedo romperán casi cualquier relación.
Comentario
Comentario de Maria Esther el diciembre 19, 2011 a las 10:34pm Estoy de acuerdo contigo Rommel, no debemos permitir que nadie nos quite la alegria de amar, de amar la belleza, la risa y de ser felices.
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Leanery Guandique le gusta la publicación 'Cuando te sientas mal' compartida por Gladys Hernandez
Entrada de blog publicada por Elvira Barcala© 2012 Creado por Ernesto Aparicio.

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