
Un cargador de agua en la India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo que él llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía una grieta, mientras que la otra era perfecta y entregaba el agua completa al final del largo camino a pie desde el arroyo hasta la casa de su patrón.
Cuando llegaba, la vasija rota sólo contenía la mitad del agua. Por dos años completos esto fue así diariamente. Desde luego, la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros: perfecta para los fines para los cuales fue creada.
Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía conseguir la mitad de lo que se suponía debía hacer. Después de dos años le habló al aguador, diciéndole: --Estoy avergonzada de mí misma y me quiero disculpar contigo. --¿Por qué?, le preguntó el aguador. --Porque, debido a mis grietas, sólo puedes entregar la mitad de mi carga; debido a mis grietas, sólo obtienes la mitad del valor de lo que deberías.
El aguador se sintió muy apesadumbrado por la vasija y, con gran compasión, le dijo: --Cuando regresemos a la casa del patrón quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.
Todos somos como vasijas agrietadas. Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas; si sabes cuáles son las tuyas, aprovéchalas y no te avergüences de ellas. Recuerda que "sólo aquél que ensaya lo absurdo es capaz de conquistar lo imposible".

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Maria Esther le gusta la publicación 'PARA QUE SIRVEN LAS VITAMINAS' compartida por Ligia Castillo Hoyos© 2012 Creado por Ernesto Aparicio.

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